El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
queña desaparecida, buscando las huellas de aquel toro blanco como la nieve. Después de una larga ausencia, regresó a su reino y se sentó extenuado en el trono. Sin embargo, hasta que llegó su última hora, el rey Taso fue fiel al recuerdo de Europa; y ordenó tener siempre preparado un baño bien caliente, una exquisita comida y una cama de inmaculadas sábanas, además de una chimenea encendida, por si se presentaba una doncella hambrienta y fatigada. Y, a pesar de que Europa jamás apareció, el buen Taso recibió la bendición de muchos pobres viajeros, que pudieron disfru- tar de los alimentos y del alojamiento que tan noble rey había preparado para la compañera de juegos de su infancia. Telefasa y Cadmo continuaron su agotadora búsqueda, sin más compañía que la que ellos dos se procuraban. La reina se apoyaba con todo su peso en el brazo de su hijo y eran muy pocos los kilómetros que podía andar al día. Sin embargo, a pesar de su debilidad y de su fatiga, nada logró apartarla de su empeño. Y
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