El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

vagabundos que, al contemplar tan hermoso lugar, decidieron establecerse en los alrededo- res. Y unos años después, aquel solitario para- je se había convertido en una próspera ciudad, con un palacio de piedra roja en su centro, donde podía verse a Taso sentado en un trono mientras impartía justicia con un manto color púrpura sobre los hombros, empuñando un cetro y ciñendo una corona. Pues los demás habitantes le eligieron rey, no porque llevara sangre azul en sus venas (pues venía de una familia de marineros), sino porque era un hombre recto, bondadoso y valiente; y sería difícil hallar una persona mejor para regir sus destinos. No obstante, tan pronto como solucionó todos los asuntos del reino, el rey Taso dejó a un lado el manto púrpura, la corona y el cetro, y rogó a los más nobles súbditos que impartie- ran justicia en su nombre. Y cogiendo el bas- tón de peregrino que durante tantos años le sirviera de apoyo, partió de nuevo, con la es- peranza de encontrar algún rastro de la pe-

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