El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
aquí. Ahora debes descansar, y que la paz sea conti- go. Pues (y esta es la primera vez que lo admi- to) empiezo a preguntarme si realmente algún día encontraremos a mi amada hija en este mundo. Y, diciendo estas palabras, la pobre reina llora- ba con desconsuelo, pues es muy duro para una madre aceptar el hecho de que sus espe- ranzas empiezan a desvanecerse. A partir de aquel día, Cadmo advirtió que el espíritu de Telefasa no era tan animoso como antes y que sus fuerzas se debilitaban cada vez más. Antes de continuar su viaje, Cadmo ayudó a su buen amigo a construir una cabaña; entretan- to, Telefasa, demasiado enferma para servirles de ayuda, les aconsejaba sobre la mejor forma de amueblarla, a fin de que resultara lo más cómoda posible. Sin embargo, Taso no se limi- tó a pasar los días en su verde choza. Pues co- rrió la misma suerte que Fénix y Cílix: nada más despedirse de sus amigos, llegaron otros
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