El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
niña), jamás pasó por la cabeza de ninguno de aquellos tres leales viajeros abandonar la bús- queda. Una mañana, sin embargo, el pobre Taso se torció un tobillo y fue incapaz de dar un paso más. -Después de unos días de descanso -dijo pesa- roso-, podré andar cojeando con la ayuda de un bastón. Pero eso no hará más que entorpe- cer vuestra búsqueda y quizá os impida encon- trar a nuestra querida Europa, después de tan- tas penas y calamidades. Será mejor que sigáis adelante, amados compañeros, y yo os seguiré cuando pueda. -Has sido un verdadero amigo, querido Taso - dijo la reina Telefasa besando su frente-. A pesar de no ser hijo mío ni hermano de la des- aparecida Europa, has mostrado una mayor lealtad que Fénix o Cílix, a los que dejamos por el camino. Sin tu amorosa ayuda y la de mi hijo Cadmo, nunca habría logrado llegar hasta
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