El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

narían encontrando a Europa, estaba dispues- to a dejar su nuevo hogar y continuar la bús- queda con ellos. Pero Telefasa le rogó que se quedara y fuera feliz si su corazón se lo permi- tía. Entonces, los caminantes se despidieron de Cílix y reanudaron su camino. Apenas ha- bían desaparecido de su vista, cuando llegaron otras gentes que se alegraron enormemente al ver la cabaña del joven; y era un paraje tan hermoso y solitario que decidieron construir allí sus chozas. No transcurrió mucho tiempo antes de que se les uniera un gran número de colonos, y fundaran una nueva ciudad. En el centro podía divisarse un majestuoso palacio de mármol de varios colores, a cuyo balcón se asomaba todos los mediodías Cílix, ataviado con un largo manto color púrpura, y con una corona de alhajas en la cabeza; pues los demás habitantes, en cuanto conocieron la noticia de que era hijo de rey, le rogaron que se convirtiera en su soberano. Y una de las primeras decisiones que tomó el rey Cílix fue enviar una expedición formada

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