El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tenía por lecho un mullido manto de musgo, y la otra estaba amueblada con uno o dos asien- tos toscamente fabricados con las retorcidas raíces de unos árboles. Y Telefasa y sus tres compañeros no pudieron evitar un suspiro al contemplar un hogar tan cómodo y acogedor; pues ellos debían continuar errando por el mundo, en lugar de quedarse toda la vida en un paraje tan hermoso y ameno. Sin embargo, al despedirse, Fénix derramó abundantes lá- grimas, pues es muy probable que lamentara separarse de aquellos a quienes quería. Pero aquel era un magnífico rincón para vivir. Y no transcurrió mucho tiempo antes de que llegaran otras gentes sin hogar que decidieron construir sus chozas muy cerca de la vivienda de Fénix. Los años pasaron y el pequeño po- blado se convirtió en una gran ciudad, en cuyo centro se elevaba un majestuoso palacio de mármol, donde habitaba Fénix, ataviado con un manto color púrpura y luciendo una corona de oro sobre su cabeza. Pues los habitantes de la nueva ciudad, al saber que por sus venas co-

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