El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

corrieron enormes distancias, atravesando ríos y montañas, y cruzando mares. En todas partes preguntaron si alguien tenía noticias de la pequeña Europa. Al oír sus palabras, los campesinos abandonaban por unos instantes sus labores y los miraban con asombro. Pues consideraban muy extraño ver a aquella mujer, ataviada como una reina (Telefasa, con las prisas, había olvidado quitarse su corona y sus elegantes ropajes), vagando por los cam- pos acompañada de cuatro muchachos, cum- pliendo tan singular misión. Pero nadie supo darles noticias de Europa; nadie había visto a una niña vestida de prince- sa montada sobre un toro blanco que galopa- ba tan ligero y veloz como el viento. No podría deciros cuánto tiempo la reina Telefasa, Cadmo, Fénix y Cílix, sus tres hijos, y Taso, el compañero de juegos, anduvieron por cami- nos y senderos, atravesando los lugares más salvajes y recónditos de la tierra. Pero lo cierto es que, mucho antes de detenerse a descan- sar, sus ricas vestiduras se habían convertido

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx