El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-No volveréis a contemplar mi rostro -les gritó enfurecido- a menos que consigáis encontrar a la pequeña Europa; pues solo ella logrará ale- grarme con sus sonrisas y con sus graciosos ademanes. ¡Alejaos de mi presencia! Única- mente cuando traigáis a vuestra hermana de la mano, seréis de nuevo admitidos en palacio. Al pronunciar estas palabras, sus ojos despe- dían fuego (pues era un rey muy vehemente) y parecía tan furioso que los pobres muchachos no se atrevieron siquiera a pedir algo de cena. Y salieron sigilosamente del palacio, detenién- dose apenas unos instantes en la escalinata para decidir lo que debían hacer. Fue entonces cuando su madre, la reina Telefasa (que no había estado presente cuando contaron al rey la triste historia), corrió a decirles que ella también partiría en busca de su hija. -¡No, madre, no! -exclamaron los niños-. La noche es oscura y quién sabe los peligros que nos esperan. -¡Ay, mis queridos hijos! -respondió la pobre
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