El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cuernos. Y allí estaban Cadmo, Fénix y Cílix, contemplando con los ojos inundados de lágri- mas cómo se alejaba la pequeña, hasta que llegó un momento en el que no pudieron dis- tinguir la nívea cabeza de toro de la blanca cresta de las olas, que parecían surgir de las profundidades del mar. Y el toro blanco desa- pareció para siempre llevándose con él a la hermosa niña. Como podéis imaginar, fue realmente triste para los tres muchachos volver a palacio y contar a sus padres lo ocurrido. El rey Agenor, su padre, era el soberano de aquellas tierras; pero amaba a su hijita Europa por encima de todas las cosas, mucho más que a todo su reino o que a sus otros hijos. Por ello, cuando Cadmo y sus dos hermanos regresaron lloran- do, y le contaron que un toro blanco se había llevado a la niña nadando por el mar, el rey enloqueció de rabia y dolor. Y, a pesar de que estaba anocheciendo, les ordenó salir ensegui- da a buscarla.

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