El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

de la pequeña. Tal vez por esta razón, la últi- ma mirada que dirigió a los tres muchachos estuvo cargada de inquietud; y ellos tuvieron el presentimiento de que su querida hermana les abandonaba para siempre. ¿Y qué creéis que hizo a continuación el toro blanco? Pues partió de allí, ligero como el viento, en direc- ción a la orilla del mar y, tras galopar por la arena a gran velocidad, se zambulló de un salto entre las olas, levantando una lluvia de blanca espuma que los empapó antes de vol- ver a caer al agua. ¡Qué alarido de terror lanzó la pequeña! Los tres hermanos también gritaron y, tan rápido como les permitieron sus piernas, corrieron hacia la playa con Cadmo a la cabeza. Pero ¡era demasiado tarde! Cuando llegaron a la orilla, el traidor animal estaba ya a una gran distancia, en medio del inmenso mar azul, y solo su cabeza sobresalía por encima de las olas, mientras la pobre Europa extendía una mano hacia sus queridos hermanos, sujetán- dose fuertemente con la otra a uno de los

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx