El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
corría. El toro se dirigió a gran velocidad hacia sus tres hermanos, que acababan de cazar la preciada mariposa. Europa gritó entusiasmada, y Fénix, Cílix y Cadmo se quedaron boquiabiertos al contem- plar el espectáculo de su hermana subida a lomos de un toro blanco; pues no sabían si asustarse o sentir envidia. El dulce e inocente animal (¿acaso alguien podría poner eso en duda?) hizo unas cabriolas alrededor de los niños, juguetón como un gatito. Entretanto, la niña les miraba con gran regocijo, y su carita sonrosada reflejaba una gran dignidad. Cuan- do el toro dio la vuelta para iniciar otra carre- ra, Europa movió la mano en señal de despedi- da, y gritó adiós a sus hermanos, fingiendo emprender un largo viaje que la tendría aleja- da de su familia quién sabe cuánto tiempo. -¡Adiós! -le respondieron al unísono Cadmo, Fénix y Cílix. Sin embargo, a pesar de su alegre excitación, aún quedaba un resto de temor en el corazón
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