El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

toro, y mejor compañero de juegos para una niña? Cuando el animal vio que Europa ya no le tenía miedo (pues era tan inteligente que causa ver- dadero asombro pensar en ello), se alegró so- bremanera y apenas pudo contener su regoci- jo. Empezó a brincar de aquí para allá, dando grandes saltos, con la misma facilidad con que un pájaro salta de rama en rama. Y es cierto que sus cabriolas eran tan ligeras como si vola- ra, y sus pezuñas pisaban con tanta suavidad que apenas dejaban marcada la huella. Y era tan blanco que parecía una montaña de copos de nieve que el viento llevara de un lugar a otro. En una ocasión, galopó tan lejos de la pe- queña que esta creyó que no volvería a verlo nunca más y empezó a gritarle con todas sus fuerzas que regresara. -¡Vuelve, bella criatura! -exclamó-. Aquí tengo una deliciosa flor de trébol. Y fue realmente hermoso ver la gratitud del toro, que, para mostrar su alegría, empezó a

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