El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
bol fueran su único alimento. Jamás se había visto un toro con una mirada tan brillante y tan tierna, y con unos cuernos de marfil tan suaves. Y jugueteaba, corriendo y saltando al- rededor de la pequeña; y así, al ver su actitud mansa y afectuosa, Europa olvidó lo grande y fuerte que era, y empezó a pensar que se tra- taba de una criatura tan inocente como un corderillo. Por ello, a pesar de lo asustada que estaba al principio, poco a poco fue perdiendo el miedo y acarició tímidamente la cabeza del animal con su blanca manita, al tiempo que se quita- ba las guirnaldas del pelo para adornarle los cuernos de marfil y el cuello. Arrancó unas briznas de hierba y se las ofreció; y el toro las comió de su mano, no porque tu- viera hambre, sino porque quería entablar amistad con aquella hermosa chiquilla, y le agradaba comer cualquier cosa que ella hubie- se tocado. ¿Acaso ha existido alguna vez cria- tura más dulce, gentil y amable que aquel
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx