El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tes, Hércules, tras apagar con asombro el fuego de sus cabellos, miró a uno y otro lado sin conseguir ver a nadie. Finalmente, sin embargo, mirando con gran atención entre sus pies, divisó la multitudina- ria reunión de pigmeos. Se inclinó sobre ellos y, cogiendo entre el índice y el pulgar al más cercano, lo colocó en la palma de su mano iz- quierda, donde lo examinó guardando una prudente distancia. Y resultó ser el mismo pigmeo que se había dirigido a los demás desde lo alto de una seta, ofreciendo enfren- tarse a Hércules en singular combate. -¿Qué clase de criatura eres, pequeñajo? -gritó Hércules. -Soy tu enemigo -respondió el valiente pigmeo con el chillido más fuerte que su voz le permi- tió-. Has matado al gigante Anteo, nuestro hermano por parte de madre, y el más fiel aliado de nuestra ilustre nación durante gene- raciones. Estamos decididos a acabar contigo y yo, por mi parte, te desafío a enfrentarte a

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