El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

consiguieran que no se moviera mientras ini- ciaban la conflagración. Pero tan pronto como Hércules empezó a cha- muscarse, se levantó de un salto con la cabe- llera en llamas. -¿Qué ocurre? -gritó, aún aturdido por el sueño, mirando a su alrededor como si espera- ra ver a otro gigante. En aquel mismo instante, los veinte mil arque- ros dispararon sus flechas, que salieron zum- bando como un enjambre de mosquitos ala- dos, hasta toparse con el rostro de Hércules. Sin embargo, dudo que más de media docena lograran atravesar su piel, que era asombrosa- mente dura y correosa, como debe ser la piel de un héroe. -¡Villano! -chillaron a coro todos los pigmeos-. Has matado al gigante Anteo, nuestro gran hermano y aliado. Te declaramos la guerra y morirás ahora mismo en nuestras manos. Al escuchar tantas y tantas vocecillas estriden-

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