El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
este les contó la aventura que Perseo había emprendido, no pusieron dificultad alguna para entregarle los valiosos objetos que esta- ban confiados a su custodia. Primero trajeron lo que parecía ser una bolsa pequeña, hecha de piel de ciervo y primorosamente bordada, y le encarecieron mucho que cuidase de ella, para no perderla. Este era el saco encantado. Las ninfas sacaron después un par de zapatos o sandalias con un lindo par de alas sujetas al talón de cada una. -Póntelas, Perseo -dijo Azogue-. Con ellas te sentirás tan ligero de pies como puedas desear todo el resto del viaje. Perseo empezó a ponerse una y dejó la otra en el suelo, a su lado. De repente la sandalia que había dejado abrió las alas y dio un salto, y probablemente habría echado a volar si Azo- gue no hubiese dado un brinco y la hubiese atrapado al vuelo. -Ten más cuidado -dijo a Perseo-. Los pájaros se asustarían si viesen una sandalia volando a
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