El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Es muy posible que las tres mujeres grises tu- vieran demasiada costumbre de turbar su ar- monía con peleas de esta clase; lo cual era muy lamentable, ya que no podían vivir unas sin otras y estaban, evidentemente, destina- das a ser compañeras inseparables. Como regla general aconsejo a todos, hermanos o hermanas, jóvenes o viejos, que no tengan más que un ojo para disfrutarlo entre varios, que cultiven la tolerancia y no se empeñen en gozarlo todos a un mismo tiempo. Azogue y Perseo iban, mientras, lo más depri- sa que podían en busca de las ninfas. Las viejas les habían dado indicaciones tan de- talladas que no tardaron mucho en encontrar- las. Eran muy distintas de Pesadilla, Quebran- tahuesos y Espanto pues, en vez de ser viejas, eran jóvenes y hermosas; en vez de un ojo para tres, cada ninfa tenía un par de ojos muy brillantes, que miraban a Perseo con la mayor amabilidad. Parecían muy amigas de Azogue y, cuando
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