El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
mente fuerte para sostener el cielo, empezó a darse cuenta de que nunca ganaría aquella lucha si se limitaba a derribar a Anteo; pues, cada vez que este tocaba el suelo, cobraba nuevas fuerzas gracias a la ayuda de la Madre Tierra. Por esta razón, el héroe arrojó el mazo con el que había librado tantas batallas y se dispuso a enfrentarse a su rival con las manos desnudas. -¡Acércate! -gritó-. Puesto que he roto tu pino, mediremos nuestras fuerzas en un combate de lucha libre. -¡Será un auténtico placer! -repuso Anteo, pues si había algo de lo que estaba orgulloso era de su destreza en este tipo de combate-. ¡Bellaco! ¡Te mandaré a un lugar del que no puedas regresar! Y el gigante se lanzó al ataque, saltando y ha- ciendo cabriolas, realmente enfurecido, mien- tras su fuerza aumentaba y aumentaba. Sin embargo, debéis comprender que Hércules
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