El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
en la tierra que, mientras Anteo intentaba arrancarlo, Hércules le dio un brutal mazazo en los hombros; y el gigante rugió como si de sus inmensos pulmones hubieran escapado toda clase de intolerables sonidos en un único alarido, que voló por encima de valles y mon- tañas y, según me han dicho, llegó a oírse en el otro extremo de los desiertos africanos. Y la capital de los pigmeos quedó completa- mente destruida por los violentos temblores que originó la vibración del aire. Y, a pesar de que el estruendo no podía ser mayor, tres mi- llones de pequeñas gargantas empezaron a gritar, imaginando que aumentaban al menos diez veces el bramido del gigante. Entretanto Anteo, sintiéndose más fuerte que nunca, vol- vió a ponerse en pie y, extrayendo el pino de la tierra, corrió furibundo hacia Hércules para asestarle otro estacazo. -¡Esta vez no escaparás, granuja! -vociferó. Pero una vez más, Hércules esquivó el fatal golpe con su mazo, deshaciendo el pino del gi-
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