El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
El gigante, con una mueca de rabia, se dirigió hacia el extraño a grandes zancadas, como una gran torre, mientras veía incrementada diez veces su fuerza con cada paso que daba. Quiso propinar un terrible golpe a su enemigo con el pino que le servía de bastón, pero Hér- cules lo detuvo con su mazo y, como era más hábil que su rival, le devolvió un porrazo tan fuerte que aquella enorme mole semejante a una montaña se derrumbó en el suelo. Los po- bres pigmeos (que jamás habían imaginado que existiera alguien tan fuerte como su her- mano Anteo) quedaron consternados ante lo ocurrido. Sin embargo, nada más desplomar- se, el gigante volvió a ponerse en pie de un salto, con una fuerza diez veces mayor; y su rostro reflejaba tanta ira que solo mirarle pro- ducía espanto. Intentó asestar un nuevo golpe a Hércules, pero la rabia le cegó hasta tal punto que nuevamente falló; y la pobre e inocente Madre Tierra fue la única que recibió el violento porrazo, y sus entrañas gimieron y temblaron. El pino se incrustó con tanta fuerza
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