El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-No consientas que se burlen de ti -dijo-. Estas tres mujeres grises son las únicas en el mundo que pueden decirte dónde encontrarás a las ninfas y, si no consigues saberlo, nunca logra- rás cortar la cabeza de Medusa con sus cabe- llos de serpientes. No te ablandes y todo sal- drá bien. Y sucedió como Azogue decía. Hay pocas cosas que la gente quiera más que la vista de sus ojos. Y las tres mujeres grises querían al suyo como si hubiese sido media docena. Viendo que no había otro medio de recuperarlo, aca- baron por decirle a Perseo lo que este necesi- taba saber. Y en cuanto se lo hubieron dicho, él, con el mayor respeto, puso el ojo en la ór- bita vacía de una de sus frentes, les dio las gra- cias por su amabilidad y se despidió de ellas. Antes de que el joven se hubiese alejado lo bastante para dejar de oírlas ya habían empe- zado otra disputa, pues dio la casualidad de que había entregado el ojo a Espanto, que ya había disfrutado de él antes de que empezase la cuestión con Perseo.
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