El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
nocido, se puso en pie de un salto y, blandien- do el poderoso bastón que zumbaba en el aire, caminó dos o tres kilómetros para salirle al paso. -¿Quién eres? -tronó el gigante-. ¿Y qué vienes a buscar en mis dominios? Anteo poseía un extraño poder del que toda- vía no os he hablado, temiendo que, si os rela- taba de golpe tantas maravillas, no creeríais ni la mitad de ellas. Pero quiero que sepáis que, cada vez que este formidable gigante tocaba el suelo con la mano, con el pie o con cual- quier parte de su cuerpo, veía aumentado su vigor. La tierra, como recordaréis, era su madre y sentía un profundo cariño por él, por ser casi el más corpulento de sus hijos. De ahí que inventara aquel ingenioso método para que la fuerza del gigante no disminuyera nunca. Algunos dicen que Anteo se volvía diez veces más poderoso cada vez que tocaba la tierra; aunque otros afirman que únicamente doblaba su vigor. ¡Tratad de imaginarlo! En
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