El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ocasión llegaron a sostener el cielo. Los pig- meos, como eran diez veces más vivaces que el majadero de su hermano, fueron incapaces de soportar la lentitud de sus movimientos y decidieron levantarlo como fuera. Así que con- tinuaron gritando y llegaron incluso a pinchar- le con sus espadas. -¡Levántate! ¡Levántate! ¡Levántate! -chilla- ban-. ¡Arriba esos huesos perezosos! El mazo de ese gigante es más grande que el tuyo, sus hombros son más anchos y parece más fuerte. Anteo no podía soportar que alguien hablara de la existencia de otro mortal ni la mitad de poderoso que él. Por ello, se sintió sumamen- te molesto por este último comentario, que pareció herirle más profundamente que las es- padas. Sentándose malhumorado y abriendo una enorme boca al bostezar, se restregó los ojos; luego volvió su estúpida cabezota hacia donde señalaban con impaciencia sus diminu- tos amigos. Tan pronto como sus ojos divisaron al desco-

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