El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

En las mencionadas campañas militares, si un pigmeo lograba arrancar a una grulla una pluma de su cola, esta se convertía en un pre- ciado trofeo que colocaba en su gorro; y en más de una ocasión, creedme, un pequeño pigmeo fue nombrado máximo dirigente de la nación por el simple hecho de haber regresa- do de la batalla con una de esas plumas en la cabeza. Pero creo que ya os he contado suficientes cosas para demostrar lo valientes que eran aquellas diminutas criaturas y lo felices que habían vivido durante generaciones y genera- ciones con el descomunal gigante Anteo. Así que pasaré a relataros una batalla mucho más asombrosa que cualquiera de las que se libra- ron entre los pigmeos y las grullas. Un día el poderoso Anteo se tendió cuan largo era entre sus pequeños amigos, con el enorme pino que le servía de bastón a su costado. El gigante parecía ocupar todo el país de los pig- meos, pues su cabeza se encontraba en un ex-

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