El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Cuando asomaba la cabeza entre las nubes, estaba completamente solo. Así había sido a lo largo de cientos de años y continuaría siéndo- lo toda la eternidad. Y, si hubiera conocido a otro gigante, habría pensado que el mundo no era lo suficientemente grande para dos perso- najes tan descomunales y, en lugar de hacerse amigo suyo, habría luchado contra él hasta que uno de los dos hubiera caído derrotado. Sin embargo, con los pigmeos era el viejo gi- gante más alegre, dulce y divertido que jamás hubiera lavado su cara en una nube cargada de lluvia. Sus diminutos amigos, como toda la gente me- nuda, tenían una gran opinión de sí mismos y solían adoptar un aire condescendiente con el gigante. -¡Pobre criatura! -se decían unos a otros-. ¡Se aburre tanto sin compañía! No deberíamos protestar por tener que dedicarle un poco de nuestro precioso tiempo para entretenerlo. Ya sabemos que es mucho menos listo que noso-

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