El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
demasiado. En el momento preciso, avistaron las costas del Ática, que era de donde habían venido. Pero siento tener que deciros que fue entonces cuando ocurrió una terrible desgra- cia. Es posible que vosotros recordéis algo que, lamentablemente, Teseo olvidó. Su padre, el rey Egeo, le había ordenado izar unas velas brillantes como el sol (en vez de las oscu- ras velas que llevaba la nave) si conseguía ven- cer al Minotauro y regresar victorioso. Sin em- bargo, en medio de su inmensa alegría, y de todos los juegos, bailes y diversiones, no se le pasó ni una sola vez por la cabeza si las velas eran negras, blancas o de todos los colores del arco iris, ya que había dejado en manos de la tripulación todas las maniobras. Así que la nave regresó a Atenas con la apariencia de un cuervo, con las mismas velas que llevaba al zarpar. Pero el pobre rey Egeo había subido a la cima del acantilado día tras día, a pesar de todos sus achaques, esperando el regreso del príncipe. Pues bien, tan pronto como divisó la fatal negrura de las velas, decidió que su
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