El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

dole con todas sus fuerzas, le cortó la cabeza, que salió rodando por el suelo cada vez más lejos de su cuerpo humano, que súbitamente se desplomó. ¡La lucha había concluido! Y la luna empezó a brillar como si todos los problemas del mundo, toda la maldad y la fealdad que invaden la vida de los hombres, hubieran desaparecido para siempre. Teseo, apoyándose en su espada para recobrar el aliento, sintió un nuevo tirón en el hilo de seda; pues, mientras duró aquella terrible contienda, nunca había dejado de su- jetarlo fuertemente con su mano izquierda. Deseoso de comunicar a Ariadna su victoria, se dejó guiar por el hilo y pronto se halló en la entrada del laberinto. -¡Has matado al monstruo! -exclamó Ariadna juntando sus manos. -Solo a ti debo mi victoria -respondió Teseo. -Debemos ir rápidamente en busca de tus ami- gos -dijo Ariadna-, pues es necesario que em-

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