El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
tes. De ninguna sabemos nada nosotras. Somos tres ancianas desdichadas que vamos caminando en la oscuridad, que nunca hemos tenido más que un ojo para las tres, y ahora nos lo han robado. ¡Devuélvenoslo, buen des- conocido! Quienquiera que seas, ¡devuélve- noslo! Y las tres mujeres extendían la mano, inten- tando coger a Perseo. Pero él tenía buen cui- dado de no acercarse. -Respetables señoras mías -dijo, porque su madre le había enseñado a comportarse siem- pre con la mayor cortesía-: tengo el ojo en la mano, y lo conservaré con el mayor cuidado hasta que tengan ustedes la bondad de decir- me dónde están las ninfas. Las que yo voy bus- cando son las que tienen el saco encantado, las sandalias que vuelan y… ¿cómo se llama?… ¡ah, sí!, el yelmo de la invisibilidad. -¡Desgraciadas de nosotras, hermanas! ¿De qué habla este joven? -exclamaron Espanto, Pesadilla y Quebrantahuesos dirigiéndose
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