El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

quién-. ¡Ay, hermanas, hermanas! ¿Qué vamos a hacer? ¡Ninguna de las tres ve nada! ¡Danos nuestro ojo precioso y único! ¡Tú tie- nes dos para ti solo! -Diles -apuntó Azogue a Perseo- que se lo darás en cuanto te hayan dicho dónde puedes encontrar a las ninfas que tienen unas sanda- lias que vuelan, el saco encantado y el yelmo de la invisibilidad. -Mis queridas, buenas y admirables señoras - dijo Perseo dirigiéndose a las tres mujeres gri- ses-: no hay razón para que se asusten ustedes de ese modo. No soy un malvado, ni mucho menos. Devolveré el ojo sano y salvo, brillante como nunca, en cuanto me digan dónde puedo encontrar a las ninfas. -¿A las ninfas? ¡Pobres de nosotras, hermanas! ¿Qué dice este hombre? -gritó Espanto-. La gente afirma que hay muchísimas ninfas: unas que se pasan la vida cazando en los bosques, otras que viven entre los árboles, otras que tienen cómoda morada en el agua de las fuen-

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