El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
ganta de aquella bestia furiosa. Teseo apenas podía adivinar lo que el mons- truo quería decir, guiándose más por sus ges- tos que por sus palabras; pues los cuernos del Minotauro eran más afilados que su ingenio y mucho más útiles para él que su lengua. Sin embargo, el joven creyó entender las siguien- tes palabras: -¡Miserable ser humano! Atravesaré tus entra- ñas con mis cuernos y, después de arrojarte por los aires, te devoraré cuando caigas de nuevo. -¡Vamos! ¡Inténtalo! -fueron las únicas pala- bras que Teseo se dignó contestar, pues era demasiado noble para atacar a su enemigo con palabras insolentes. Y, en medio de un completo silencio, se libró la batalla más terrible que se haya visto bajo el sol o la luna. No sé lo que habría ocurrido si el Minotauro, en su primer ataque contra Teseo, no hubiera fallado por muy poco, rompiéndo-
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