El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

¿Acaso Teseo estaba asustado? De ningún modo, queridos niños. ¿Cómo iba a tener miedo un héroe así? Ni aunque el Minotauro tuviera veinte cabezas de toro en lugar de una… Y, sin embargo, a pesar de lo valiente que era, imagino que su intrépido corazón co- braba nuevos ánimos cada vez que sentía el li- gero tirón del hilo de seda que aún llevaba en su mano izquierda. Era como si Ariadna le transmitiera toda su fuerza y valor; y resulta extraño que Teseo viera así duplicadas esas cualidades en él, pues poco era lo que la joven podía añadir a su enorme bravura. Pero tenemos que decir, en honor a la verdad, que iba a necesitar todo ese coraje, pues en aquel mismo momento el Minotauro, al volver su cuerpo, vio al príncipe y bajó al instante sus terribles y afilados cuernos, como un toro sal- vaje cuando decide embestir a un enemigo. Al mismo tiempo, soltó un impresionante brami- do, en el que pareció reconocerse algo que re- cordaba al lenguaje de los hombres, como si las palabras se rompieran al atravesar la gar-

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