El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
el otro extremo, preocupada por su suerte, es- perando su victoria, apoyándole con todo el corazón, como si estuviera a su lado. Puedo aseguraros que una inmensa corriente de cari- ño fluía a lo largo de aquel fino hilo de seda. Y Teseo seguía hacia delante, guiándose por el terrible bramido del Minotauro, que cada vez era más fuerte, y llegaba a alcanzar tanta in- tensidad que el joven creía estar a punto de chocar con él cada vez que daba un nuevo giro. Finalmente, en un espacio abierto, en el mismísimo centro del laberinto, divisó a la ho- rrible criatura. Y ¡qué monstruo tan espantoso! A pesar de que de toro solo tenía la cabeza, algo había en su figura que recordaba a ese animal, mientras se balanceaba ridículamente sobre sus patas traseras; pero, según cómo se mirara, también parecía un hombre, lo que resultaba aún más monstruoso. Y allí estaba aquel ser desgracia- do, aislado del mundo, sin amigos ni compañe- ros, viviendo únicamente para hacer el mal, in- capaz de comprender lo que era el cariño. No
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