El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
ra atrapado en un remolino. Y durante todo el tiempo, a través de aquellos caminos desiertos, oía el grito del Minotauro, unas veces muy cerca, otras muy lejos, tan sal- vaje, cruel y desagradable, tan próximo al mu- gido de un toro y, al mismo tiempo, tan pare- cido a un alarido humano (sin llegar a ser nin- guno de los dos) que el valeroso corazón del príncipe empezó a sentir cada vez mayor furor; pues consideró un insulto a la luna y al cielo, así como a nuestra afectuosa y sencilla Madre Tierra, que una criatura tan espantosa tuviera la osadía de existir. Mientras continuaba avanzando, las nubes cu- brieron por completo la luna y el laberinto se oscureció, por lo que Teseo fue incapaz de dis- tinguir el camino que seguía. Sin duda se ha- bría sentido completamente perdido y sin la menor esperanza de volver a avanzar en línea recta de no haber sentido con frecuencia un pequeño tirón en el hilo de seda. Este le recor- daba que la bondadosa Ariadna aún sujetaba
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