El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

dices que todo el mundo se pierde en los innu- merables pasadizos? No había terminado aún su frase cuando se empezó a oír un fuerte y desagradable brami- do, muy similar al mugido de un toro salvaje, aunque también había algo en él que recorda- ba a una voz humana. Teseo creyó incluso per- cibir una torpe articulación, como si el mons- truo intentara convertir sus roncos resoplidos en palabras. Pero todo se oía a una gran dis- tancia, por lo que resultaba imposible diferen- ciar si se trataba del mugido de un toro o de la ronca voz de un hombre. -¡Es el Minotauro! -susurró Ariadna, mientras cogía con una de sus manos el brazo de Teseo y llevaba al mismo tiempo la otra hasta su tembloroso corazón-. Sus gritos os guiarán a través del laberinto. Pero ¡espera! Coge un ex- tremo de este hilo de seda; yo sujetaré el otro. De este modo, si obtienes la victoria, podrás encontrar el camino de vuelta. ¡Adiós, valiente Teseo!

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx