El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

imposible de escalar, sino también de atrave- sar. Sin embargo, Ariadna puso uno de sus pe- queños y delicados dedos en un bloque de mármol y, a pesar de su sólida apariencia, este cedió a su contacto, y entonces se abrió una entrada suficientemente ancha para permitir- les el paso. Entraron cautelosamente en el interior y la piedra de mármol volvió a cerrarse a sus es- paldas. -He aquí el famoso laberinto que Dédalo cons- truyó antes de fabricarse unas alas y abando- nar nuestra isla volando como un pájaro. Era un hombre de gran ingenio, pero este es el más asombroso de todos sus inventos. Con alejarnos unos pasos apenas de la puerta de entrada, pasaríamos el resto de nuestra vida tratando de volver a encontrarla, sin conse- guirlo jamás. El Minotauro se halla en el cen- tro de este laberinto, y tú tienes que ir hasta allí a buscarlo. -¿Y cómo podré dar con él -preguntó Teseo-, si

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