El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
cierto es que el Minotauro los devorará en su desayuno como que yo esta noche cenaré una perdiz. Al decir estas palabras, el rey tenía un aspecto tan cruel como si estuviera dispuesto a devo- rar él en persona a Teseo y a los demás prisio- neros, de no haber tenido a mano un Mino- tauro que le evitara semejante molestia. Como no deseaba oír ninguna otra palabra en su favor, ordenó que se llevaran a los prisione- ros y los encerraran en una mazmorra. Una vez allí, el carcelero les aconsejó que se dur- mieran lo antes posible, pues el Minotauro tenía la costumbre de pedir el desayuno muy temprano. Las siete doncellas y los seis jóve- nes no tardaron en dormirse entre sollozos; pero Teseo permaneció despierto. Era cons- ciente de ser más sabio, más valiente y más fuerte que sus compañeros, por lo que se sen- tía responsable de sus vidas y necesitaba me- ditar si existía alguna posibilidad de salvarlos, incluso en una situación tan extrema como aquella. De modo que Teseo, con los ojos bien
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