El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pondió Teseo-. Así que me siento libre y con- tento al entregarla. Por el contrario, tú, rey Minos, ¿no sientes verdadero espanto al co- meter año tras año el terrible delito de enviar a siete jóvenes inocentes y a otras tantas don- cellas a ser devorados por un monstruo? ¿Acaso no tiemblas, malvado rey, al mirar den- tro de tu corazón? Sentado en ese trono dora- do y revestido de toda tu majestad, yo te acuso, rey Minos, de ser una criatura aún más horrible que el propio Minotauro. -¡Ajá! ¿Es esa la opinión que tienes de mí? -gri- tó el rey con aquella risa cruel que le caracteri- zaba-. ¡Mañana, a la hora del desayuno, ten- drás la oportunidad de juzgar quién de los dos es más terrible, el Minotauro o el rey! Lleváos- lo de aquí, guardias; y que este descarado joven sea el primer bocado del Minotauro. Cerca del trono del rey (aunque no haya teni- do tiempo de contároslo hasta ahora) se en- contraba su hija Ariadna. Era una joven muy hermosa y su tierno corazón la impulsaba a

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx