El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

de allí, libres como el viento de verano. Sin embargo, el malvado Minos se limitaba a com- probar si estaban lo suficientemente rollizos para satisfacer el apetito del Minotauro. A mí me habría gustado que la única víctima hubie- ra sido él; no hay duda de que el monstruo ha- bría encontrado su carne bien dura y correosa. El rey Minos ordenó acercarse a su escabel, uno tras otro, a los pálidos y asustados jóve- nes y a las llorosas muchachas, al tiempo que les golpeaba en las costillas con su cetro, con el único fin de comprobar si estaban demasia- do delgados, e indicaba a sus guardias con un movimiento de cabeza que se los llevaran. Sin embargo, cuando sus ojos se posaron en Teseo, la serenidad y la valentía que reflejaba el rostro del joven llamaron poderosamente su atención. -Joven -inquirió con voz grave-. ¿Acaso no tie- nes miedo al saber que vas a ser devorado por el terrible Minotauro? -He ofrecido mi vida por una buena causa -res-

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