El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

se hallaba ya a una gran distancia, resplande- ciendo en la lejanía, caminando a grandes zan- cadas alrededor de la isla de Creta; pues aquel era el trabajo al que estaba eternamente con- denado. En cuanto atracaron en el puerto, un destaca- mento de soldados del rey Minos se hizo cargo de los catorce jóvenes. Rodeados de aquellos guerreros armados, el príncipe Teseo y sus compañeros fueron llevados al palacio del rey y conducidos hasta su presencia. Pues bien, Minos era un monarca cruel y despiadado. Del mismo modo que el gigante que vigilaba Creta estaba hecho de bronce, el corazón de aquel rey parecía fabricado de un metal aún más duro, por lo que podrían haberle llamado el hombre de hierro. Se limitó a fruncir sus espe- sas cejas mientras contemplaba a las pobres víctimas atenienses. Ante tanta belleza e inocencia, cualquier otro hombre se habría sentido como en un lecho de espinos, y habría deseado por encima de todo devolver la felici- dad a aquellos jóvenes, ordenándoles alejarse

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx