El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Y, cuando dejó de oírse su sonora voz, conti- nuó vibrando en el aire, como una de esas grandes campanas de iglesia. -¡De Atenas! -gritó el capitán por respuesta. -¿Con qué motivo? -tronó el hombre de bron- ce. E hizo girar su mazo en lo alto con aspecto amenazador, como si estuviera a punto de descargar un terrible golpe en mitad de la nave solo porque unos años antes Atenas había estado en guerra contra Creta. -Venimos a traer los siete jóvenes y las siete doncellas que tiene que devorar el Minotauro -replicó el capitán. -¡Adelante! -exclamó el gigante de bronce. Y el eco de aquella palabra retumbó en el cielo, mientras el pecho del gigante vibraba de nuevo. La nave se deslizó entre los dos altos peñascos y el gigante continuó su camino. En escasos segundos, el extraordinario centinela

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