El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
rostro desprendía una especie de resplandor metálico y arrojaba al aire destellos de gran fulgor. Los pliegues de sus ropajes, en lugar de ondear al viento, caían pesadamente sobre sus extremidades, como si estuvieran tejidos con algún tipo de metal. Cuanto más se acercaba la nave a la orilla, más curiosidad sentía Teseo por conocer quién era aquel gigante y si se trataba o no de un hom- bre de carne y hueso. Pues, a pesar de que caminaba y hacía otros movimientos propios de los seres vivos, había cierta brusquedad en su paso que, unida a su aspecto cobrizo, llevaba a sospechar al prínci- pe que no era un gigante real, sino tan solo un prodigioso artefacto mecánico. El enorme mazo de bronce que llevaba colgado al hom- bro volvía aún más terrorífica su figura. -¿Qué es esa maravilla? -preguntó Teseo al ca- pitán, que ahora sí tenía tiempo para respon- derle.
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