El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
jeto brillante que, en la lejanía, arrojaba un destello de luz sobre las olas. -¿Has visto ese resplandor? -preguntó al capi- tán de la nave. -Aún no, mi príncipe -respondió este-, pero sí lo he visto en otras ocasiones. Supongo que procede de Talos. Al arreciar el viento, el capitán se vio obligado a ajustar nuevamente las velas, por lo que no pudo seguir contestando a las preguntas del joven. No obstante, mientras el barco navega- ba a una velocidad cada vez mayor hacia las costas de Creta, Teseo quedó maravillado al divisar una gigantesca figura humana que pa- recía avanzar a grandes zancadas, con paso rít- mico, por la orilla de la isla. Pasaba de un pe- ñasco a otro, mientras el mar rugía embraveci- do, salpicando de espuma sus enormes pies. Y lo más sorprendente era que, cuando el sol iluminaba aquella colosal figura, esta parpa- deaba y se llenaba de luz. También su inmenso
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