El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
poco, al alejarse de tierra, empezó a soplar una fuerte brisa del noroeste que les empujó alegremente por encima de la blanca cresta de las olas, como si se hubieran embarcado en el viaje más placentero que quepa imaginar. Y, a pesar de que era todo muy doloroso, no creo que aquellos catorce jóvenes, libres de la vigi- lancia de sus mayores, pasaran todo el trayec- to lamentando su desgracia. Sospecho que celebrarían más de un baile sobre la cubierta mecida por las olas, y habría abundantes risas y otras diversiones entre las víctimas, hasta el momento en que avistaron entre las lejanas nubes las elevadas montañas azules de Creta. Pues no hay duda de que aquella visión devolvió la seriedad a sus ros- tros. Teseo, sin separarse de los marineros, con- templó anhelante aquella tierra, como si esta no tuviera mayor consistencia que las nubes entre las que aparecían sus montañas. Una o dos veces, creyó ver el resplandor de algún ob-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx