El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
do comenzaba a saborear la felicidad de tener un hijo tan bondadoso y valiente. Sin embar- go, el joven, sabiendo que tenía razón, decidió llevar adelante su plan. Aseguró a su padre que no tenía la menor intención de ser devo- rado sin oponer resistencia, como si fuera una oveja, y que el Minotauro tendría que pelear muy duramente antes de engullírselo para cenar. Finalmente, comprendiendo que no podía hacer nada para evitarlo, el rey Egeo consintió en su partida. Por todo ello, prepara- ron una nave para el viaje y la aparejaron con velas de color negro. El joven príncipe, acom- pañado de seis muchachos y de siete hermo- sas muchachas, descendió hacia el puerto, dis- puesto para embarcar, mientras una apenada muchedumbre les seguía hasta la orilla; y allí estaba también el viejo rey, apoyándose en el brazo de su hijo, como si llevara en su solitario corazón todo el dolor de la ciudad de Atenas. Cuando Teseo se disponía a subir a la nave, el rey Egeo, cogiéndole de la mano, se despidió de él con estas palabras:
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