El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
de indignación, desdén, audacia, ternura y compasión. -Permite que el pueblo de Atenas eche a suer- tes la elección de solo seis muchachos -dijo a su padre-. Yo seré el séptimo. ¡Y que el Mino- tauro me devore, si es que puede! -¡Hijo mío! -sollozó el rey Egeo-. ¿Por qué ex- ponerte a tan cruel fin? Eres un príncipe de sangre real y tu destino está por encima del de los demás hombres. -Precisamente por ser un príncipe, y el legíti- mo heredero de tu reino, deseo compartir la desgracia de este pueblo -respondió Teseo-. Y tú, padre mío, puesto que eres el rey y tendrás que responder ante el cielo del bienestar de tus súbditos, tienes que estar dispuesto a sa- crificar lo que más amas, antes de permitir que los hijos de tus más humildes vasallos su- fran el menor daño. El anciano rey empezó a llorar y pidió a Teseo que no le abandonara en su vejez, justo cuan-
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