El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

donde el Minotauro pudiera vivir, esmerándo- se en atender las necesidades del monstruo; y todo por el simple placer de hacer el mal. Unos años antes, había estallado una guerra entre la ciudad de Atenas y la isla de Creta, en la que los atenienses habían sido derrotados y obligados a implorar la paz. El precio que tu- vieron que pagar por ella fue muy elevado: de- bían enviar una vez al año siete muchachos y siete muchachas para servir de alimento al monstruo favorito del rey Minos. Los atenien- ses llevaban tres años soportando tan terrible desgracia; los sollozos, gemidos y gritos que ahora aquejaban a la ciudad reflejaban el dolor de un pueblo que se disponía a elegir ca- torce nuevas víctimas. Todos temían que se llevaran a sus hijos o a sus hijas, y los jóvenes temblaban de espanto ante la idea de termi- nar sus días entre las voraces fauces de aquel espantoso hombre bestia. Pero, cuando Teseo conoció la historia, irguió su cuerpo hasta parecer más alto que nunca, al tiempo que su rostro expresaba una mezcla

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