El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

apenas os habría sorprendido ver el alborozo que mostraban tanto el rey como su pueblo ante la marcha de la hechicera. Y el príncipe Teseo fue acogido con gran amor por su padre. El anciano rey nunca se cansaba de tenerlo sentado junto a él en su trono (que era suficientemente ancho para los dos), ni de oírle hablar de su querida madre, de su niñez, de todos sus infantiles esfuerzos por levantar la pesada roca. Sin embargo, el joven era de- masiado aventurero y valiente para pasar el tiempo contando episodios de su infancia; solo anhelaba acometer heroicas hazañas, dig- nas de ser escritas para la posteridad. No lle- vaba mucho tiempo en Atenas cuando capturó y encadenó a un terrible toro enloquecido, al que paseó públicamente por la ciudad, mara- villando y admirando al buen rey Egeo y a sus súbditos. Pocos días después, una increíble aventura convirtió todas sus anteriores proezas en un simple juego de niños. Y fue así como ocurrieron los hechos:

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx