El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
He olvidado ya lo que sucedió con los sobrinos del rey pero, cuando la malvada Medea vio cómo había cambiado la situación, salió rápi- damente de la estancia y, dirigiéndose a su cá- mara privada, empezó a preparar un nuevo encantamiento. Poco tiempo después, oyó un fuerte siseo de serpientes en la ventana, y, ¡mirad!, allí estaba su fogoso carruaje con las cuatro enormes serpientes aladas, avanzando y retorciéndose en el aire, agitando sus colas por encima de las torres del palacio, prepara- das para emprender un viaje celeste. Medea apenas necesitó tiempo para coger a su hijo y robar las joyas de la corona, además de los ro- pajes más hermosos del rey y todos los obje- tos de valor que pudo hallar; subió a su ca- rruaje, fustigó a las serpientes y se elevó muy por encima de la ciudad. El rey, al oír el silbido de las serpientes, se asomó rápidamente a la ventana y ordenó a la malvada hechicera que no regresara nunca. También los atenienses, que habían salido co- rriendo de su casa para contemplar aquel ma-
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