El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nocido fuera llevado a su presencia. La copa fue colocada sobre una mesa junto al trono; una pequeña mosca, que apenas pre- tendía libar una minúscula gota de su borde, cayó fulminada en el interior. Al verlo, Medea miró a sus sobrinos y volvió a sonreír. Cuando Teseo fue conducido a los aposentos reales solo tuvo ojos para contemplar al an- ciano rey de blancas barbas. Allí lo tenía, sen- tado en su magnífico trono, ciñendo una bri- llante corona y empuñando su cetro. Su aspec- to era imponente y majestuoso, a pesar de que los años y las enfermedades parecían pesar sobre él, como si los años fueran de plomo y las enfermedades de piedra, y alguien los hubiera dejado caer bruscamente sobre sus fatigados hombros. Lágrimas de alegría y de dolor asomaron a los ojos del joven; pues no pudo sino entristecer- se al ver tan débil a su padre. ¡Qué grato resul-

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