El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

plicó-. Limítate a admitir a ese joven tan ruin en tu presencia, trátalo con cortesía e invítalo a beber una copa de vino. Sabes que a veces me entretengo destilando medicinas muy potentes. En este pequeño fil- tro tengo una de ellas. Pero no te diré cuál es su composición, pues es uno de mis secretos. Permíteme poner una gota en su copa; puedo asegurarte que de este modo el joven foraste- ro renunciará a todos los malvados propósitos que le han traído hasta aquí. Y Medea sonreía mientras pronunciaba estas palabras; pero su semblante risueño no escon- día sino el deseo de envenenar al pobre e inocente Teseo ante los ojos de su padre. Por su parte, este, como la mayoría de los monar- cas, consideraba que no había castigo excesi- vamente duro para aquel que osaba conspirar contra la vida de un soberano. De este modo, se mostró de acuerdo con los planes de Medea y, tan pronto como el vino venenoso estuvo preparado, ordenó que el joven desco-

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